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Raxó, Combarro y Campelo amplían la pesca recreativa, el acuerdo se integra en las cuentas de Poio

pesca recreativa

En Poio, una decisión municipal pensada para el día a día, ha terminado abriendo espacio también para el ocio en el mar. El pleno aprobó de forma definitiva el presupuesto para 2026, unas cuentas que superan los 16 millones de euros, tras rechazar las alegaciones presentadas durante el periodo de exposición pública. El trámite se cerró con un informe técnico de Intervención que avala la legalidad y la coherencia de las cifras, adaptadas a la normativa vigente.

El presupuesto, defendido por el alcalde Ángel Moldes, se presentó como un documento con una intención clara, sostener los servicios sociales, impulsar inversiones que miren a medio plazo e incorporar medidas de alivio fiscal dirigidas a las familias. En la sesión se insistió en que las partidas no se limitan a cuadrar números, sino que pretenden reforzar políticas de proximidad, con margen para planificar y no actuar solo por urgencias.

En esa misma reunión plenaria se aprobaron cambios en la Relación de Puestos de Trabajo, una revisión orientada a reorganizar el personal municipal y ganar eficiencia en la gestión. Entre las incorporaciones previstas figura un perfil técnico vinculado a cultura y deporte, para avanzar hacia una planificación más estratégica, además de un puesto de gestión ambiental y una plaza adicional de oficial de policía local, con funciones y condiciones equiparables a las ya existentes.

Más zonas para pescar, horarios definidos, prioridad para la actividad portuaria

La votación incluyó, además, un convenio de cooperación con Portos de Galicia que amplía los espacios habilitados para la pesca deportiva y con caña en los puertos de Raxó, Combarro y Campelo. El acuerdo responde a una realidad conocida en el litoral, la convivencia entre la actividad portuaria, la movilidad de embarcaciones y una afición muy extendida, la pesca recreativa desde muelles y zonas de abrigo. Ordenar ese uso, con reglas claras, permite reducir fricciones y dar seguridad a quienes trabajan y a quienes acuden a pescar.

En el caso concreto de Campelo, el documento fija un marco horario para compatibilizar usos. De lunes a viernes se permitirá la pesca entre las 17.00 y las 07.00 horas, mientras que los sábados y domingos el acceso quedará abierto durante todo el día. La operativa portuaria mantiene siempre la prioridad, de modo que la habilitación de zonas no desplaza maniobras, servicios o movimientos indispensables para el funcionamiento del puerto.

La administración local asumirá la vigilancia, el control y la señalización de las áreas en las que se autorice la pesca. Esa parte, menos visible que los horarios, resulta decisiva para que el acuerdo no quede en papel. Señalizar correctamente evita interpretaciones contradictorias, delimita dónde se puede pescar y dónde no, y reduce riesgos en espacios en los que conviven tránsito peatonal, amarres, elementos de seguridad y, en ocasiones, circulación de vehículos de servicio.

El contexto municipal ayuda a entender por qué estas medidas aparecen en el mismo pleno que las cuentas anuales. Un presupuesto no es solo un listado de gastos, también marca la capacidad de una administración para ejecutar compromisos, atender el mantenimiento ordinario y responder a nuevas necesidades. En este caso, la ampliación de espacios para la pesca recreativa se asocia a una estructura de gestión que refuerza áreas clave, desde la planificación cultural y deportiva hasta la gestión ambiental, además del refuerzo en la policía local.

La decisión enlaza, además, con una lectura más amplia sobre el uso del litoral en municipios costeros. La pesca con caña en instalaciones portuarias suele concentrarse en horarios determinados, con preferencia por momentos en los que baja la intensidad de actividad. Definir franjas y responsabilidades reduce incertidumbres, favorece la convivencia y aporta un marco estable para una práctica que forma parte del paisaje cotidiano de muchas localidades. Poio, con este acuerdo, apuesta por ordenar esa presencia y hacerlo sin perder de vista la función principal de los puertos, que sigan operativos, seguros, y compatibles con un uso ciudadano regulado.

A partir de ahora, el reto pasa de la aprobación a la ejecución, señalización clara, control efectivo y coordinación diaria para que la ampliación se note en la práctica, especialmente en los puntos de mayor afluencia.

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